Ha pasado más de un mes y medio desde aquel fatídico 25 de octubre en el cual inicié el viaje de la mudanza de Tarragona a A Coruña. Había alquilado una furgoneta para el viaje durante 3 días debido a la cantidad de cosas que había acumulado durante mis años viviendo en Tarragona y así podía hacer paradas para hacer visitas. Quedé en Zaragoza a comer con unos amigos. Dejé la furgoneta en un parking externo del centro comercial “Plaza Imperial”. Cuando me despedía de mis colegas, fui a coger algo de la parte de atrás donde estaba todo cargado y me di cuenta de que habían forzado la puerta lateral y la del copiloto. A simple vista no se notaba nada. Alucino con lo fácil que es forzar una cerradura de un coche. Por eso siempre se dice que no hay que dejar nada a la vista en los coches… Aun así, la furgoneta era de chapa por los lados y atrás, no se podía saber lo que había dentro. Creo que fui demasiado ingenuo al dejarla sin vigilancia mientras comía. No creí que una furgoneta alquilada podía ser tan atractiva para los amantes de lo ajeno. Los que entraron debían de ser unos gitanos chaboleros con prisas y explico por qué. No se entiende que me robasen una maleta con comida (botes de garbanzos, paquetes de macarrones y cosas así), una vieja máquina de cortar el pelo, unas zapatillas deportivas de 20€, la caja de instrumentos del juego Rock Band de Wii (batería, guitarra y micrófono) y otras cosas fácilmente reemplazables aunque no menos importantes. Lo que más me jode es que cogiesen mi portátil. Porque cuando te roban tu ordenador y un disco duro, te joden la vida pero bien. El portátil tenía 4 meses, estaba nuevecito. Por supuesto se puede comprar otro, pero nunca se recupera lo que había dentro. No importan las películas, series, música y juegos, se pueden volver a descargar y listo. Sin embargo, te pones a pensar en fotos, documentos, cosas del trabajo (traducciones en mi caso) y entonces te da el infarto; todo eso es irrecuperable. Tenía una copia de seguridad de mis traducciones en un pendrive, pero también estaba en el maletín del portátil. Sientes una impotencia absoluta.
En resumidas cuentas, escribo esto para desahogarme un poco y lanzar un mensaje al aire aunque no sirva de nada. Quiero que se sepa que era un portátil Toshiba Satellite A660-13T con el número de serie 5A241628K (la caja la dejaron). Es decir, que si por casualidad alguien lo ha comprado “de segunda mano” desde finales de octubre, que se sepa que es un ordenador robado y debería ser devuelto a la policía o al menos decirme quién lo ha vendido para que pueda ir personalmente a partirle la cara al hijo de la gran puta que me robó y dejarlo marcado de por vida.
Por suerte, la compañía que me había alquilado la furgoneta tenía un seguro contra robos de hasta 600€, que no da ni para pagar la mitad de lo que me habían robado, pero bueno, menos da una piedra. La gracia es que te hacen pagar los desperfectos que se le haya hecho a la furgoneta, los hayas ocasionado tú o no. ¿No hay un seguro para esto? Al parecer no. En este caso tuve que pagar la friolera de 388€ por el cambio de cerraduras.
Ahí queda eso, cualquier información sobre el tema será bienvenida.
martes 14 de diciembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada